domingo, 27 de septiembre de 2026

penetrar en esta plataforma es como si entráramos en la Biblioteca de Babel borgiana

El libro total

Una plataforma digital colombiana permite acercarse a la biblioteca infinita que soñó Borges

martín elfman



Eran dos hermanos colombianos, Álvaro y Gonzalo, y tuvieron un sueño. Me cuentan que se reunían cada sábado en la casa de Álvaro, el menor de ellos, y hablaban largo y tendido de lo humano y lo divino. Pero siempre había un tiempo para que conversaran de sus lecturas, de su pasión por los libros. Y en algún momento, sin imaginar aun lo que provocarían, hasta soñaron con lo útil y hermoso que sería entrar en una biblioteca en donde estuvieran al alcance de sus ojos muchos libros, incluso —solo era un sueño— en la que se almacenaran todos los libros, la sabiduría del mundo. Una biblioteca infinita o interminable como la que había anhelado Jorge Luis Borges y que hasta concibió para su relato La biblioteca de Babel.

Gonzalo Navas, el mayor de estos hermanos, naturales del departamento colombiano de Santander, además de lector era un apasionado de la escritura de versos, que se convertirían en letras de canciones: esas que interpretaría, ya cobijado bajo el nombre artístico de Pablus Gallinazo. Con sus textos y su voz, el mayor de los Navas había llegado a convertirse en los días de aquellas charlas sobre bibliotecas prodigiosas en una de las figuras cimeras del movimiento de la llamada canción protesta que, en las décadas de 1960 y 1970, había florecido en Colombia, como en buena parte de aquella efervescente Latinoamérica en la que aún se tenían y, como casi siempre, se perdían tantos sueños.

Álvaro, siete años menor, también con vocación literaria, en los días de esos encuentros fraternales y bibliófilos había comenzado una exitosa carrera como empresario. Unos años atrás, atraído por las posibilidades que abría la informática, había creado en la ciudad de Bucaramanga una entonces modesta empresa simplemente llamada Sistemas y Computadores SA, que, entre otras misiones, se encargaría de prestar el servicio de cobro de impuestos.

Fue en los albores de este siglo cuando Álvaro decidió intentar convertir el sueño de los hermanos de poder acceder a esa biblioteca prodigiosa en una realidad posible. Conocedor de las potencialidades del entramado digital y enterado de los mecanismos del mundo legal del libro, un buen día le trasmitió su sueño a los ingenieros y programadores de su empresa: debían crear los algoritmos y herramientas digitales necesarias para crear una biblioteca interactiva, en donde hubiera tantos libros como fuera posible conseguir, y que cada ejemplar estuviera en condiciones de abrirse hacia otros y hacia contenidos diversos: música, artes plásticas, videos y, por supuesto, los imprescindibles diccionarios de la mayor cantidad de perfiles posibles. Sería una plataforma de lectura que funcionaría como una cadena interactiva de conocimientos que apuntarían hacia el pretendido infinito de la creación artística, o sea, buscando poner a disposición de los lectores algo así como un Libro Total. Sería como un intento de darle forma real a aquel volumen que pretendió escribir Stéphane Mallarmé, un texto en el cual estuviera contenido todo el universo. O el que concibió Italo Calvino, ese libro que nunca podrás terminar de leer, porque él mismo no tiene fin, es interminable. Y así Álvaro dio vida a una plataforma que, de muchas formas, materializaba un sueño.

Fue en el año 2005 cuando Álvaro Navas, sostenido por el éxito profesional y económico de su empresa y al fin creado el proyecto inicial de la biblioteca, decidió establecer la Fundación El Libro Total. Asentada en una casa colonial de la plaza central de Bucaramanga y, casi de más está decirlo, concebida como una entidad sin ánimo de lucro. Y desde ese entonces este proyecto, diríase que utópico, comenzó su existencia para beneficio de los lectores y a crecer y a crecer hasta lo que hoy nos puede parecer el inalcanzable infinito.

A estas alturas de 2026, la plataforma El Libro Total, disponible para todo el que quiera utilizarla, almacena nada más y menos que 50.000 libros cuyos derechos están libres y, por tanto, pueden ser reproducidos. Contando esos textos, en sus redes existen más de un millón de páginas legibles asentadas en 200.000 contenidos, entre los cuales también hay, por supuesto, audiolibros de textos escritos en español o vertidos a nuestro idioma, enlazados con posibles traducciones a sus lenguas originales y a otras versiones. Además se almacena música, colecciones de arte, fotografía y videos de algún modo relacionados con el libro marcado y, por supuesto, complementado con una impresionante colección de diccionarios de muy diverso carácter.

Con el paso del tiempo y en las manos de Daniel y Alejandro Navas, los hijos y discípulos herederos del filántropo fundador, la aplicación ha sabido explotar las crecientes posibilidades del ámbito digital y alcanzado algo que se acerca a la soñada biblioteca sin fin en la que la lectura es un placer posible y cercano, pero a la vez un desafío. Porque, gracias al buen empleo de la tecnología, al penetrar en esta plataforma es como si entráramos en la Biblioteca de Babel borgiana donde cada texto es una provocación que, gracias a los hipervínculos creados y respondiendo al concepto puesto en práctica del libro extendido, conduce hacia un abanico de conocimientos que se multiplican en el sendero que lleva a esa pretendida totalidad. Porque una lectura en este espacio virtual es como penetrar en un jardín de senderos que se bifurcan una y otra vez para llevarnos a nuevas estancias y de ahí a otras nuevas: legibles, audibles, visibles. Un festín. Aunque sus gestores advierten de que apenas están ofreciéndonos los entrantes del banquete.

El propósito inicial de Álvaro Navas, potenciado por sus continuadores, cumple cada vez con mayor eficiencia aquel empeño pantagruélico de relacionar en un mismo espacio infinidad de saberes acumulados por la humanidad a lo largo de siglos y que podían estar dispersos, y ahora muchos de ellos se nos entregan interconectados. Y algo de eso lo saben los que han ejecutado algunas de las siete millones de descargas que ya acumula El Libro Total.

Resulta sin duda alentador que en este mundo cada vez más convulso, en el que se potencian supremacismos y exclusiones, se alienta la cultura del espectáculo y en el que muchos gobiernos comienzan sus recortes presupuestarios por el sector de la cultura y el conocimiento, unos empresarios colombianos sigan poniendo sus medios económicos e inteligencia en función de un proyecto humano esencialmente democrático, al alcance de un teléfono móvil. Porque si la empresa matriz, Sistemas y Computadores SA, disfruta de su éxito económico y es hoy una entidad en crecimiento que emplea a más de mil trabajadores, el espíritu romántico de su fundador, heredado por sus hijos, sigue haciendo cada vez más posible aquel sueño desproporcionado de poner a funcionar una biblioteca sin fronteras visibles. La búsqueda maravillosa del Libro Total.

Y ahora, recién regresado de la Feria del Libro de Bucaramanga, evento que me dio la posibilidad de conocer el recinto principal desde donde se genera este proyecto y de poder conversar con sus creadores y animadores, ando algo más convencido de que soñar es todavía hoy un ejercicio posible. Incluso en estas tierras de Latinoamérica en la que tantos sueños se han desvanecido, se siguen desvaneciendo, siempre amenazados por (renovadas) pretensiones imperiales.

Como alivio tenemos empeños como ese pretencioso Libro Total puesto al alcance de un clic de nuestros dispositivos. Recorrer sus estanterías resulta una tentadora invitación para entender mejor el alma de muchas cosas, como pedía Gustave Flaubert, el que soñó escribir un libro sobre la nada, que podía ser el todo y que se titula Madame Bovary. Por cierto, disponible en la plataforma de El Libro Total.

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